LA PROMESA – URGENTE: La Guardia Civil ARRESTA a Curro y Ángela GRITA que es INOCENTE
En algunas madrugadas, la vida de las personas se quiebra para siempre. Aquella mañana en La Promesa el mundo se sacudió con el estruendo de cascos golpeando el empedrado, carruajes frenando de golpe y voces militares rompiendo la calma. María Fernández preparaba el café junto a Simona y Candela cuando el primer ruido hizo vibrar las ventanas. Paralizada, vio a través del cristal empañado a una horda de guardias civiles irrumpiendo en el palacio como si tomaran una fortaleza. La bandeja cayó al suelo, y el caos se desató de inmediato.
Simona corrió a despertar a Pía; Candela quedó petrificada. En la planta alta, Curro despertó sobresaltado por el eco de botas subiendo por las escaleras de mármol. Apenas vestido, su puerta fue derribada y varios oficiales entraron encabezados por el capitán Fermín Ruiz, quien sostenía un edicto real. Su voz sentenció: Marcos de Luján, alias Curro, queda detenido por orden del Tribunal Superior de Madrid. Curro apenas pudo articular palabras. Le pusieron las esposas sin darle tiempo a reaccionar, y sus gritos proclamando su inocencia retumbaron por los pasillos.
Abajo, Alonso bajó furioso exigiendo explicaciones. Ruiz leyó los cargos: homicidio premeditado, conspiración y ocultación del cuerpo de Dolores Expósito, su madre biológica. El palacio quedó en silencio sepulcral. Pía soltó un grito ahogado, Lope dejó caer una bandeja, Simona se tambaleó, Manuel rugió de rabia y negó rotundamente la idea de que Curro pudiera haber matado a Dolores.
Pero el capitán continuó leyendo pruebas falsas: testimonio ocular, documentos incriminatorios y supuestos objetos hallados en los aposentos de Curro. Los guardias lo bajaron esposado mientras él imploraba ayuda. Cuando sus miradas se cruzaron, Curro gritó a Alonso que todo era una trampa.

Entonces, una voz femenina quebró el caos: Ángela de Figueroa exigió que lo soltaran. Bajó las escaleras como una tormenta, descalza y con el rostro cubierto de lágrimas, pero con una fuerza que nadie había visto en ella. Se colocó frente a los guardias, arriesgándose a ser detenida, y proclamó que Curro era inocente y que ella sabía quién había matado a Dolores.
Toda la Promesa quedó muda. Ángela declaró que la asesina era su propia madre, Leocadia de Figueroa, y que tenía pruebas: cartas secretas con un boticario corrupto, venenos no detectables y un diario donde su madre confesaba varios asesinatos. Manuel, horrorizado, leyó pasajes del