La Promesa’ capítulo 722: Matar a Lorenzo como única salida

si cada rincón del palacio guardara el aliento ante lo que estaba por venir. La oscuridad no hacía sino subrayar la tensión que recorría los pasillos: pasos contenidos, puertas que susurraban al cerrarse y miradas que evitaban cruzarse para no enfrentar la verdad que todos conocían pero que nadie se atrevía a nombrar. En medio de ese ambiente cargado, Curro permanecía inmóvil junto a la ventana de su cuarto, sin ver realmente el patio interior que se extendía frente a él. Lo único que invadía su mente era la imagen dolorosa de Beltrán alejándose a caballo, hundido en su propia derrota, mientras Ángela lo veía partir con un llanto que parecía desgarrarle el alma.

Curro todavía sentía en sus manos el ardor del golpe que había estampado en la mandíbula de Lorenzo. Durante un breve instante, había tenido la sensación de impartir justicia, de equilibrar una balanza que hacía tiempo que se inclinaba hacia el lado incorrecto. Pero esa mínima satisfacción había dado paso a una angustia más profunda al comprender que había desencadenado una cadena de consecuencias difíciles de revertir. Ahora Beltrán estaba lejos, Ángela atrapada en una promesa de matrimonio con un hombre capaz de destruirla, y Lorenzo, herido en su orgullo, resultaba más peligroso que nunca.

Pía irrumpió en su habitación con la suavidad de quien sabe que pisa terreno frágil. Lo observó en silencio, percibiendo en sus hombros tensos y su mirada perdida que su sufrimiento había alcanzado un punto límite. Lo llamó “hijo”, una palabra que escapaba solo cuando el dolor la superaba, y trató de hacerle ver que no podía cargar solo con el peso de aquella tragedia. Pero Curro, consumido por el miedo y la impotencia, solo podía pensar en lo que consideraba una única posibilidad: impedir a cualquier precio que Ángela quedara en las manos de Lorenzo. La idea que comenzó como un pensamiento fugaz se había arraigado en él con fuerza: ¿y si matar al capitán era la única salida?

La Promesa Capitulo 722 - Capitulo 722 La Promesa

Mientras Curro luchaba contra sus propios demonios, en otro rincón del palacio Ángela enfrentaba a su madre. Leocadia, consciente del monstruo al que entregaba a su hija, trataba de justificarse con la desesperación de quien siente que el destino ya está sellado. Ángela, exhausta y herida, le reprochó haber permitido la expulsión de Beltrán y forzarla a un destino que la hacía sentir como una mercancía más en manos de Lorenzo. Madre e hija quedaron separadas por una verdad dolorosa: Leocadia estaba dispuesta a sacrificarla para proteger lo que quedaba de su familia.

Ese mismo día, Lorenzo citó a Ángela para una conversación “tranquila”. El capitán, impecable en su postura y en su peligroso control emocional, le dejó en claro que nunca había buscado amor, sino dominio. Ángela, impulsada por una mezcla de miedo y rabia, se atrevió a enfrentarlo, a llamarlo monstruo, a recordarle que jamás obtendría su cariño. La bofetada que ella le propinó, espontánea y desesperada, encendió en los ojos de Lorenzo una amenaza silenciosa. Curro, escondido tras una puerta entreabierta, escuchó cada palabra y sintió cómo algo dentro de él se quebraba definitivamente.

En otra ala de la casa, Manuel confrontaba a Enora al descubrir que la empresa que ella le había recomendado estaba asociada a Don Lisandro. La desconfianza se instaló entre ellos como una sombra, haciendo que Enora se sintiera más sola que nunca, especialmente al descubrir que Simona y Candela opinaban a sus espaldas sobre su vida amorosa. Dolida, estalló contra ellas, harta de que cada decisión propia fuera juzgada por quienes se creían con derecho a dirigirla.

En los pasillos del servicio, Petra continuaba con su guerra silenciosa contra Teresa. Todo era motivo de crítica: una sábana, una orden, un