LA PROMESA AVANCES – MANUEL DESCUBRE LA VERDAD SOBRE ENORA: ¡LAS PRUEBAS SON INCREÍBLES!
toda la historia. La atmósfera está cargada, los bancos repletos de nobles impecablemente vestidos y criados que han logrado colarse en las últimas filas para presenciar lo que debería ser una boda perfecta: la unión de Ángela de los Figueroa con el capitán Lorenzo de la Mata. Las flores blancas perfuman el ambiente, el incienso flota en el aire y el órgano resuena solemne mientras todos aguantan la respiración. Es el instante decisivo, ese en el que dos vidas deberían unirse para siempre… si nada se interpusiera.
El sacerdote formula la pregunta ritual, pero algo inesperado ocurre: Ángela guarda silencio. Tres segundos eternos pasan mientras ella permanece inmóvil, con el velo cubriendo un rostro pálido que no logra ocultar la angustia. Los invitados se inquietan, intercambian miradas nerviosas. Leocadia, en primera fila, contiene la respiración: esta boda es su victoria, el resultado de años de intrigas y sacrificios. Lorenzo, irritado, aprieta con fuerza la mano de Ángela, murmurándole palabras que más que apoyo parecen una amenaza velada.
Entonces sucede lo inimaginable: Ángela retira su mano de golpe, da un paso atrás y pronuncia un “no” que retumba en toda la iglesia. Un “no” que rompe la solemnidad, que sacude a todos los presentes y convierte la ceremonia en un terremoto emocional. Pero para comprender cómo se llegó a este instante, debemos retroceder unas horas.

Antes de la boda, Ángela se contempla frente al espejo, enfundada en un vestido digno de una princesa. Pero no se siente como tal: sus ojos hinchados delatan una noche entera de lágrimas. Este matrimonio no es más que un acuerdo económico, un trato frío disfrazado de romance. Cuando Leocadia entra en la habitación, lo deja claro: la boda es la única forma de asegurar el futuro de la familia. Cualquier duda o miedo de Ángela es descartado como “tonterías”.
Pero Ángela sí tiene motivos para temer a Lorenzo. Percibe algo oscuro en él, algo que la inquieta profundamente. Y en su mente aparece Curro, quien la noche anterior confesó su amor y, con lágrimas en los ojos, le rogó que siguiera adelante con la boda para evitar despertar la ira del capitán. Él sabe más de lo que cuenta. Le advirtió: Lorenzo es peligroso, más de lo que cualquiera imagina.
Mientras tanto, en la Promesa, todos sienten que algo no cuadra. El novio ha desaparecido. Curro también. Los criados cuchichean, los marqueses están al borde de un ataque de nervios y el ambiente, aunque festivo en apariencia, huele a tragedia inminente.
Y mientras en el palacio reina la incertidumbre, en un galpón apartado se desarrolla un enfrentamiento que lo cambiará todo. Lorenzo está atado, golpeado, con la camisa rasgada. Curro, consumido por la rabia acumulada durante años, le exige que confiese sus crímenes. Lorenzo intenta mantener su arrogancia, pero su fachada se resquebraja. Curro tiene pruebas, recuerdos y heridas que ya no piensa esconder. Está dispuesto a llegar al límite para evitar que Ángela caiga en manos del capitán.
Sin embargo, cuando está a punto de acabar con él, la imagen de Ángela lo detiene. Decide que la justicia se hará, pero no allí: lo llevará a la boda para que confiese frente a todos. Y así empieza el desastre.
La iglesia está al borde del colapso por la tardanza del novio cuando las puertas se abren de golpe. Curro entra arrastrando a Lorenzo, hecho polvo, con la ropa rota y el rostro marcado por los golpes. Los gritos estallan entre los invitados. El caos es total. Aun así, los nobles, empeñados en mantener las apariencias, intentan continuar con la ceremonia. Leocadia exige que Lorenzo tome su lugar. El capitán inventa una mentira torpe sobre bandidos. Alonso trata de evitar el escándalo. Pero nadie puede ignorar lo evidente.
Las cosas se precipitan cuando llega el momento de los votos. Lorenzo dice que sí sin dudar, desesperado por salvar su reputación. Y entonces el mundo se detiene cuando Ángela responde con firmeza: “No”.
A partir de ese instante, la verdad se desata. Ángela denuncia públicamente a Lorenzo, lo llama asesino, habla de las muje