DESCUBRE EL INFIERNO QUE LE ESPERA A ÁNGELA || CRÓNICAS de #LaPromesa #series

repárense, queridos espectadores, porque lo que están a punto de presenciar en este capítulo 723 de La promesa les dejará sin aliento

Olvídense de bodas, celebraciones o momentos de felicidad. Este capítulo sumerge a La promesa en sus sombras más profundas y densas, un palacio donde los secretos pesan más que las paredes que lo sostienen. Hoy, todo está cubierto por un silencio opresivo, una niebla que nadie sabe disipar. Los pasillos parecen contener la respiración, las conversaciones se cortan abruptamente, y cada mirada esquiva revela un temor invisible.

En el centro de esta tensión hay una verdad explosiva que solo una persona conoce. Una verdad que, cuando salga a la luz, hará temblar los cimientos del palacio. Todo empieza con la pregunta que atormenta a todos: ¿Dónde está el capitán Lorenzo de la Mata? El hombre que envenenó a Hann, manipuló y destruyó vidas, simplemente ha desaparecido. Su ausencia genera más miedo que su presencia, porque la incertidumbre se filtra lentamente en cada rincón.

Alonso de Luján, el marqués agotado por meses de tragedia, intenta concentrarse en sus cuentas, pero su mente solo repite la misma pregunta: ¿Dónde está Lorenzo? Ha enviado mensajeros a todas partes, pero nada, ni un rastro, ni un indicio de su paradero. Es como si el capitán se hubiera evaporado del mundo. Manuel, su hijo, regresa de investigar y confirma lo peor: Lorenzo sigue desaparecido. Alonso reflexiona, preocupado no por su presencia, sino por los planes que ese hombre podría estar tejiendo en la sombra.

 

e e hijo se pierden en la incertidumbre, en otro lugar del palacio se esconde la verdad: Lorenzo no ha huido, ni está muerto, ni ha escapado. Está prisionero, más cerca de lo que nadie imagina. Curro Martínez de la Mata, hermano de Hann y heredero de un pasado marcado por secretos y traiciones, lo tiene atrapado en un sótano olvidado. Afuera, mantiene la fachada de normalidad; adentro, su corazón es un volcán de ira y dolor. Él sabe la magnitud de lo que ha hecho y el poder que tiene sobre el asesino de su hermana.

Cuando Curro baja al sótano, la tensión es insoportable. Lorenzo, aunque desaseado y atado, sigue mostrando su desafío habitual. Su arrogancia apenas disminuye ante la amenaza, provocando a Curro a que cumpla su venganza. Curro lo enfrenta con la furia contenida de alguien que ha perdido todo, alguien que ha aprendido a canalizar su dolor sin convertirse en un asesino. Sin embargo, cada palabra, cada gesto, es un recordatorio del límite entre la justicia y la venganza, entre la humanidad y el monstruo que acecha dentro de cada persona.