¿SE CONOCIERON MARGARITA Y LEOCADIA EN EL PASADO? || CRÓNICAS y ANÁLISIS de #LaPromesa

Título: “El plan maestro de la Postiza: la trampa que pone a Martina de Luján al borde del abismo”

En La Promesa, los secretos se esconden entre los muros de piedra del palacio, pero tarde o temprano todo sale a la luz. Esta vez, la protagonista de la nueva tormenta no es otra que Martina de Luján, la joven altiva y orgullosa que hace apenas unas semanas señalaba a todos como traidores, incluso a su prima Catalina. Pero el destino da vueltas imprevisibles, y ahora es ella quien se encuentra en el punto de mira. Una intriga perfectamente urdida por la astuta doña Leocadia de Figueroa —la temida “postiza”— amenaza con derrumbar su reputación y ponerla contra las cuerdas.

Desde hace días, Leocadia mueve los hilos con la precisión de una araña tejiendo su telaraña. Su objetivo es sembrar el caos en La Promesa, y el asunto de las misteriosas cartas firmadas por Catalina le viene como anillo al dedo. La marquesa sabe que esas misivas pueden servirle para enfrentar a unos con otros, y sobre todo, para destruir a quien le resulte molesto. Y así, con su sonrisa falsa y su mirada calculadora, pone en marcha un plan tan retorcido como eficaz.

Su primera jugada es acercarse a Jacobo Montecaro, el llamado “San Jacobo”, un hombre ingenuo y ansioso por destacar. Le hace creer que en la casa se esconde un complot contra la familia, y le susurra que él, con su inteligencia y tenacidad, es el único capaz de descubrir la verdad. Alimentando su ego con halagos bien medidos, convierte al pobre Jacobo en su sabueso personal, un peón dispuesto a hacer todo por ganarse su aprobación. Leocadia no se ensucia las manos; deja que otros lo hagan por ella.

A partir de ese momento, Jacobo vive únicamente para servir a su nueva aliada. Revisa papeles, compara firmas, interroga al servicio y se pasea por los pasillos con aires de investigador, convencido de que su misión es proteger el honor de los Luján. Lo que no sabe es que Leocadia lo manipula desde las sombras, utilizando su entusiasmo para cumplir sus propios fines. Ella planea entregarle las cartas originales —las mismas que supuestamente habían sido entregadas a un detective ficticio— fingiendo que las recuperó en exclusiva para él.

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La escena se desarrolla con el dramatismo propio de La Promesa: Leocadia entrega a Jacobo un paquete cuidadosamente envuelto. Él, emocionado, lo toma entre sus manos, creyendo que sostiene la clave del misterio. Ella, con voz dulce y falsa, le dice que las obtuvo gracias a su influencia y discreción. El pobre Jacobo no sospecha que todo es una mentira, una trampa elaborada para hacerlo actuar contra Martina. Cree estar a punto de resolver un caso, sin imaginar que solo es una marioneta movida por los hilos de la Postiza.

Mientras tanto, Martina aparece en una escena aparentemente inofensiva, escribiendo una carta a su madre, Margarita Yopis. Lo que parece un gesto tierno y familiar, en realidad se convertirá en su peor error. Esa carta —su letra, su estilo, su caligrafía— será el detalle que podría delatarla. Jacobo, obsesionado con encontrar coincidencias, podría usar esa misiva como prueba para comparar la escritura con la de las cartas de Catalina. Una simple acción cotidiana se transforma en el elemento que la condena.

Los espectadores atentos ya saben que en La Promesa nada se muestra por casualidad. Los guionistas suelen dejar pequeñas pistas que luego se convierten en detonantes de grandes revelaciones. La carta a Margarita no es una excepción. Además de servir como posible prueba incriminatoria, también anuncia el inminente regreso de Margarita Yopis a la finca, una aparición que muchos fanáticos esperan desde hace tiempo. En la conversación con el marqués, Martina deja caer una frase clave: “Mi madre tiene muchas ganas de volver a España”. Es la confirmación d


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