🔴Sueños de Libertad ¡Andrés Hace Justicia! Pre Avance Semanal #SueñosDeLibertad #mafin #series #new

antes y un después en la historia. En esta entrega, los destinos de los personajes vuelven a cruzarse en medio de engaños y verdades ocultas, y cada acción promete tener consecuencias dramáticas. Andrés se encuentra determinado a destapar las manipulaciones de Gabriel, y para ello cuenta con la ayuda del detective Ángel Ruiz, un aliado indispensable que comparte su preocupación por la magnitud de la red de engaños que se esconde tras la fachada de la familia de la Reina. Mientras tanto, Gabriel no pierde ni un segundo y, desde su posición de poder, aprovecha cualquier oportunidad para manipular y amenazar a quienes considera más vulnerables, siendo la señora Remedios su objetivo principal en esta ocasión.

La escena comienza dentro de los fríos muros de la prisión. El ambiente está lleno de ecos metálicos: las puertas que se cierran, el golpe de las botas de los guardias y el sonido de las llaves girando en los cerrojos crean una sensación opresiva y tensa. Gabriel camina con paso firme y calculado; cada movimiento parece pensado con precisión, reflejando a alguien que mantiene el control incluso detrás de rejas. Su expresión es fría, impenetrable, y no revela ni miedo ni duda.

Al llegar a la sala de visitas, un espacio donde la luz apenas entra a través de los barrotes, Gabriel se detiene y hace una seña al guardia. Frente a él, la señora Remedios lo espera sentada, y su reacción es inmediata: el rostro se le transforma primero en sorpresa y luego en miedo. Sus manos tiemblan sobre la mesa, y con voz quebrada logra preguntar: “¿Qué hace usted aquí? Mi primo no ha querido verme desde la última vez que hablamos”. Gabriel se sienta lentamente, manteniendo su mirada fija en ella. Su voz es baja, firme y helada: “Lo sé, y también sé mucho más de lo que imagina. Tengo ojos y oídos en esta cárcel. Nada pasa sin que yo lo sepa”.

 

Remedios intenta mantener la compostura, tragando saliva mientras siente que la tensión la supera. Gabriel continúa con su acostumbrada calma calculadora: “He venido porque estoy muy molesto contigo”. La mujer, temblorosa, pregunta qué ha hecho mal, y él, inclinándose con un gesto casi teatral, revela la causa de su enfado: “La última vez que hablamos, me mentiste. Sabías que tu hija había enviado una carta a Andrés y no me lo dijiste”. Remedios cubre su rostro con las manos, lágrimas corren por sus mejillas mientras confiesa que solo intentaba proteger a su hija Enriqueta del peligro.

Gabriel permanece impasible, su mirada es fría, calculadora, sin rastro de compasión. No acepta excusas ni lágrimas: “Si quieres arreglar las cosas, empieza siendo sincera conmigo. Aquí las mentiras no te servirán de nada”. Remedios se aferra al borde de la mesa, buscando un apoyo que no existe, mientras comprende que la fuerza de Gabriel y su capacidad de manipulación están por encima de cualquier intento de escape.

Mientras tanto, en un despacho discreto en otro punto de la ciudad, Andrés y el detective Ruiz discuten la manera de destapar la verdad. La luz de la tarde entra por la ventana, iluminando un espacio cargado de tensión. Andrés, decidido, solicita la ayuda de Ruiz: “No puedo seguir solo. Hay demasiadas cosas que no encajan y necesito alguien que me ayude a descubrir la verdad”. Ruiz, atento y prudente, evalúa la gravedad de la petición, consciente de que lo que se avecina no es sencillo. Andrés explica que Gabriel saboteó la caldera de la fábrica y que todo apunta a una implicación de la empresa francesa Brosar, recientemente accionista de Perfumerías de la Reina. La magnitud del problema es evidente, y Ruiz advierte que moverse en Francia sin levantar sospechas será complicado.

Andrés, firme, insiste en actuar, y Ruiz sugiere contactar a alguien de confianza en Francia para investigar discretamente. Andrés acepta el riesgo, convencido de que conocer la verdad vale más que cualquier peligro. Ambos saben que están a punto de iniciar una misión que cambiará sus vidas: desentrañar la conexión entre Brosar y Gabriel y descubrir hasta dónde llega la red de mentiras y manipulaciones que amenaza a todos los involucrados.

La acción vuelve a la cárcel, donde Remedios se enfrenta al poder absoluto de Gabriel. Desesperada, intenta negociar: “¿Puedo escribirle una carta a mi hija? Pedirle que no se acerque más a Andrés, que lo olvide todo”. Pero Gabriel, con una sonrisa helada que no refleja calidez, le responde que eso no será suficiente. Su plan es mucho más contundente: hará que Enriqueta reciba acceso a una llamada internacional desde París, obligándola a desaparecer para protegerla de cualquier peligro. Remedios queda paralizada, atrapada entre la obligación de proteger a su hija y la imposibilidad de cumplir con la exigencia de Gabriel. El miedo y la determinación se mezc